Alabad á Jehová, naciones todas; Pueblos todos, alabadle. Porque ha engrandecido sobre nosotros su misericordia; Y la verdad de Jehová es para siempre. Aleluya. Salmo 117;1,2

11ma Antología de Devocionales

La Tienda del Cielo

Autor desconocido

Hace mucho tiempo atrás, caminaba por el cielo de la vida. Un día vi un letrero que leía: “LA TIENDA DEL CIELO”. Me acerqué y la puerta se fue abriendo. Cuando me vine a dar cuenta, ya estaba adentro. Habían muchos ángeles, y uno de ellos me dio una canasta, diciéndome: amigo mío, compra con cuidado.

Todo lo que había en la tienda, era lo necesario para un cristiano. Y lo que no te podías llevar ahora, lo llevabas después. Primero compré paciencia. El amor estaba en la misma fila. Más abajo había comprensión, ya que se necesita a dondequiera que uno va. Compré dos cajas de sabiduría, dos bolsas de fe y no me olvidé del Espíritu Santo.

Me pare a comprar fuerza y coraje para ayudarme en enfrentar los retos de la vida. Ya se me llenaba la canasta, cuando recordé que necesitaba gracia y no podía olvidar la salvación, ya que era gratis. Siendo así traté de tomar lo suficiente para salvarte a ti y a mí. Entonces camine hacia el cajero para pagar lo que debía, porque creía que tenía todo lo que necesitaba para hacer La voluntad de mi Padre. Pero cuando caminaba hacia el cajero vi la oración y tuve que ponerla también en ml canasta, porque sabía que, cuando saliera de la tienda, el pecado me iba a estar esperando ya.

Había paz y mucha felicidad y ambas estaban en la última esquina de la tienda. La canción y la alabanza estaban colgando del techo, y entonces arranqué uno de cada uno para mí.

Llegué al cajero y le pregunté al ángel “¿Cuánto les debo?”. El, sonriendo me respondió “Lleva tu canasta donde quiera que vayas”. Otra vez le dije “Si, pero, cuanto les debo?”, y él de nuevo se sonrió y me contestó: “Amigo mío, Jesús pago tu deuda hace mucho tiempo”.

Tu eres el escogido

Autor desconocido

En cierta ocasion un huérfano recién adoptado regresó a casa de la escuela el primer día de clases muy triste y ensimismado. Su madre adoptiva trató de descubrir cual era el problema, pero al principio no queria hablar. Finalmente el niño comenzó a llorar.

  • Los chicos de la escuela se ríen de mi porque soy adoptado.
  • Pero, trata de verlo de esta manera -le dijo la madre abrazándolo -Los padres de esos chicos están obligados a recibirlos en su casa, en cambio nosotros te elegimos a ti porque te necesitamos.

    "No me elegisteis vosotros á mí, mas yo os elegí á vosotros; y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto ...". (Juan 15:16)

    Tenemos que decidir si aceptar la elección que Dios hizo de nosotros o no aceptar. Cuando lo hacemos, comenzamos a experimentar las alegrías de la salvación, que comienzan en esta vida y se prolongan por la eternidad.

  • Un indulto

    Autor desconocido

    { Autor Desconocido }

    Muchos altos atrás, el duque de Osuna visitó a una galera llena de presos en Barcelona con la intención de perdonar a los presos que merecieran perdón. Al inspeccionar a los presos, todos, según ellos, eran inocentes o culpaban a otros por su mala suerte.

    Nadie reconoció ser culpable, excepto uno. El confesó su crimen y aceptó que justamente estaba preso. El duque quedó muy sorprendido por la honradez de este preso. Le dijo lo siguiente: "Señor, Usted es demasiado malo para quedar en compañía de tantos inocentes". No pudo perdonar a los otros porque ninguno había hecho algo malo. Pero este ladrón arrepentido era culpable y por lo tanto lo pudo perdonar y te dejó libre.

    En 1829 George Wilson fue sentenciado a la horca por robo y asesinato. El Presidente norteamericano Andrew Jackson lo indultó. Pero por extrañas razones, Wilson no quiso ser perdonado. Decía que no podía ser perdonado si él no quería serlo.

    Este rechazo llegó a la Corte Suprema donde el presidente de dicha Corte opinó que: "Un indulto es un trozo de papel cuyo valor depende de su aceptación por la persona implicada." Por lo tanto George Wilson fue ahorcado.

    Que trágico es que alguien rehúse un perdón, cuando si lo acepta puede seguir viviendo. Pero rehusar el perdón de Dios es más grave todavía. Significa rehusar ser libre de pecado en esta vida, y perder la vida eterna. Si queremos ser fieles de condenación, deberíamos confesar y abandonar nuestros pecados. Tan ciertamente coma lo hacemos, Dios nos perdona y nos da la victoria.

    Naufragio

    Autor desconocido

    Hace algunos años un barco naufragó en la costa de Irlanda. Puesto que el capitán y su tripulación eran famosos como buenos marinos, las autoridades navales estaban perplejas en cuanto a la causa del desastre. Tanta importancia se le dio a ese naufragio que finalmente se envió un buzo a investigar.

    Le resultó imposible encontrar algo malo en el barco, por lo que se le pidió que trajera algunas porciones del barco. Entre ellas estaba la brújula. Entonces se resolvió el misterio. Un pedacito de acero se había alojado en una hendidura cerca de la brújula. Al investigar se descubrió que el día anterior al naufragio se había ordenado a un tripulante que la limpiara. Usó su cuchillo para hacerlo, y se le quebró la punta. Ese pedacito de acero desvió lo suficiente la aguja para que diera falsa información. Cuando el barco entró en un canal difícil, que debía atravesar para llegar al puerto, chocó con una roca y se hundió.

    El pecado albergado en el alma es coma ese pedacito de acero. El naufragio espiritual no siempre lo causan los grandes pecados. Los pequeños pecados no vencidos pueden ser igualmente mortales. Las zorras pequeñas pueden &liar la villa del alma con tanta eficacia como las grandes. La única conducta segura para todos consiste en obrar de acuerdo con la voluntad de Dios, tal como se la conoce. El no aceptara nada menos que eso. Vivimos en una época cuando algunos profesos cristianos creen que pueden servir a Dios con alga menos que una completa consagración. Pero Dios necesita hombres y mujeres que estén dispuestos a darle el ciento por ciento de sus vidas; nada más, pero nada menos.