Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí; Juan 5:39

¿Por qué usar parábolas?

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{ abril 2026 }

Introducción

Desde su bautismo en el río Jordán, Jesús ha estado en el ojo público. Entre los incidentes registrados en Mateo, leemos que Jesús enseñó en público (Mateo 5-9); sanó a un leproso (Mateo 8); devolvió la salud y la libertad a dos hombres endemoniados (Mateo 8); resucitó a una niña muerta (Mateo 9) y sanó a una mujer enferma (Mateo 9). También organizó a sus discípulos para ministrar al público (Mateo 10); predicó en las ciudades de Galilea (Mateo 11); habló con los fariseos y se declaró Señor del sábado (Mateo 12); y curó a un hombre con la mano seca en la sinagoga (Mateo 12). Vemos una transición notable en su estilo de enseñanza a partir de Mateo 13. Hasta ahora, Jesús había hablado y enseñado abierta y llanamente, pero ahora comenzó a enseñar con parábolas. La Enciclopedia Católica [1] sitúa esta transición durante su segunda gira de enseñanza por Galilea, la cual tuvo lugar dentro de su tercer viaje de los nueve, tradicionalmente ubicado en el segundo año de su ministerio público de enseñanza. Debe haber una razón para el cambio.

¿Por qué usar parábolas?

Este cambio no pasa desapercibido para sus discípulos. Mateo registra que "los discípulos se acercaron a él y le preguntaron: '¿Por qué les hablas por parábolas?'" (Mateo 13:10). Pero, ¿qué es una parábola? Según Merriam-Webster [2], una parábola es "una historia ficticia, generalmente corta, que ilustra una actitud moral o un principio religioso". Con respecto al uso de parábolas, Barclay [3] explica que estas comienzan con un concepto simple con el que casi cualquier persona puede identificarse porque el concepto ya es conocido. A partir de ahí, la parábola lleva a la persona a reflexionar sobre cosas que aún no comprende y abre su entendimiento a un concepto espiritual hasta entonces desconocido. Barclay dice que una parábola eleva la comprensión de una persona comenzando donde la persona está y llevándola a una mayor comprensión del Reino de los Cielos. Flemming [4] afirma que "las parábolas ofrecen una forma pictórica de enseñar la verdad, pero son más que simples ilustraciones". Las parábolas sirven para llevar al oyente a reflexionar sobre la enseñanza. Coffman [5] distingue además una parábola de una fábula en que una parábola "relata cosas que realmente sucedieron, o que razonablemente podrían haber sucedido", basando la enseñanza en la vida cotidiana.

Usar parábolas como ayuda didáctica tiene ventajas que no podemos ignorar. Las parábolas son breves, por lo que resultan fáciles de recordar, de compartir con otros y de explicar una vez que se comprenden. Enseñar con parábolas fue un acto de misericordia porque revelan lo suficiente para salvar a los dispuestos, pero no tanto como para condenar a los que no lo están. Una persona podría ignorar una parábola, pero volver a ella y recibir su bendición. Enseñar con parábolas también proporcionó una medida de seguridad adicional. A través de una parábola, Jesús pudo comentar sobre varios temas, no solo conceptos teológicos. Podía discutir la postura política de Israel, el futuro de Israel o la llegada del reino de Dios. Suele ser peligroso criticar a quienes están en el poder, por lo que el uso de parábolas le otorgó un posible margen de seguridad. Un ejemplo claro de ello es lo que hizo Natán cuando confrontó a David con respecto a su pecado contra Urías y Betsabé (2 Samuel 12). Constable [6] dice que confrontar al rey, que se encontraba sumido en un grave pecado, requería gran coraje. David podría haberse rebelado contra la reprensión de Natán, endurecer su corazón y empeorar toda la situación ejecutando a Natán de inmediato, tal y como había ejecutado cobardemente a Urías de forma indirecta a través de los amonitas. Natán mitigó el riesgo de ser ejecutado por represalia al emplear una parábola; evitó confrontar a David de manera inmediata y lo llevó a darse cuenta de su grave pecado y al arrepentimiento.

Había otra razón para usar parábolas. Enseñar con parábolas había sido profetizado casi mil años antes. Inspirado por el Espíritu Santo, el profeta Asaf profetizó que el Mesías enseñaría usando parábolas en el Salmo 78. Mateo, inspirado por el mismo Espíritu Santo, cita más tarde el Salmo 78 como evidencia del mesianismo de Jesús, escribiendo: "Jesús dijo todas estas cosas a la multitud en parábolas; no les hablaba sin usar una parábola. Así se cumplió lo que fue dicho por medio del profeta: "Abriré mi boca en parábolas; declararé cosas escondidas desde la creación del mundo" (Mateo 13:34-35). Coffman [7] explica que cuando Mateo citó el Salmo 78:2, su intención era demostrar que el uso de parábolas por parte de Jesús no era aleatorio. La idea era que al usar parábolas, Jesús "estaba siguiendo exactamente las pautas establecidas en la profecía". La labor docente de Jesús cumple perfectamente la profecía de Asaf y se alinea con las expectativas mesiánicas. Gerrish [8] añade que Jesús estaba cumpliendo un aspecto profético sobre sí mismo; en particular, su metodología de enseñanza. Jesús usó parábolas no solo como ayuda didáctica, sino como evidencia pública de su mesianismo, porque las Escrituras profetizaron que el Mesías enseñaría usando parábolas.

Una talla no le queda a todos

Respondiendo a la pregunta de los discípulos, Jesús dijo: "porque a vosotros se os ha dado a conocer los misterios del reino de los cielos, pero a ellos no" (Mateo 13:11). Los problemas que Jesús enfrentaba con el público en general no eran uniformes. Henry [9] argumenta que los discípulos ya entendían algunos de los conceptos que Jesús estaba enseñando y estaban avanzando en el Reino de los Cielos, pero no el público en general. El público en general desconocía estos conceptos y necesitaba otro método para comprenderlos.

Como señala Coffman [10], Jesús usó parábolas deliberadamente en parte para ocultar sus enseñanzas a aquellos que no buscaban sinceramente el Reino de los Cielos. Barnes [11] argumenta de manera similar que el pueblo no estaba preparado para recibir las verdades espirituales que Jesús quería compartir con ellos y que de todos modos no las habrían creído. Baily [12] añade que muchos de los que seguían a Jesús no tenían un interés genuino en su enseñanza. Baily cree que algunas personas estaban intelectualmente interesadas en sus enseñanzas, pero no lo suficiente como para aceptar la verdad que Jesús compartía. Las parábolas permitieron a Jesús abordar estos temas, revelando verdades espirituales a quienes estaban abiertos a recibirlas, mientras que las ocultaba ligeramente a quienes eran indiferentes a ellas. La enseñanza de verdades explícitas se reservaba únicamente para sus discípulos en privado.

A diferencia de los discípulos, otras personas decidieron endurecer sus corazones. Jesús dijo que el profeta Isaías profetizó sobre tales personas cuando dijo: "Oiréis con los oídos, pero no entenderéis; veréis con los ojos, pero no percibiréis. Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido; apenas oyen con sus oídos, y han cerrado sus ojos. De lo contrario, podrían ver con sus ojos, oír con sus oídos, entender con sus corazones y volverse, y yo los sanaría" (Isaías 6:9-10). Pett [13] explora esta situación y explica que una vez que las personas rechazan el llamado de Dios, la culpa recae completamente sobre ellas, y a la vez revelan cuán justo y recto es Dios a pesar de su rechazo. Dios persiste en su esfuerzo porque algunas personas sí aceptan el llamado y producen fruto espiritual. Habiendo asegurado tal respuesta, Dios está totalmente comprometido a trabajar con estas personas para hacer cumplir Sus propósitos.

Pablo resume este rechazo masivo cuando dice: "perecen porque no recibieron el amor de la verdad para ser salvos" (2 Tesalonicenses 2:10). Clark [14] cree que quienes perecen lo hacen porque "se niegan obstinadamente a ser salvados y prefieren la mentira a la verdad". Trapp [15] considera esta actitud hacia el llamado de Dios como "el gran pecado del evangelio" y que aquellos que lo cometen son castigados por Dios con "justa condenación". Jesús no suplicó a quienes se negaron a aceptar el amor de su verdad, ni razonó con ellos para que lo hicieran; los dejó como deseaban ser. Las parábolas permitieron a Jesús ocultar las mismas verdades enseñadas a otros de aquellos que no estaban interesados en ellas. En este sentido, la información por sí sola no puede cambiar vidas, ni ablandan corazones endurecido, pero la percepción sí.

¿Qué es la percepción?

Esto plantea una pregunta importante: ¿Qué es la percepción? Según Merriam-Webster [16], la percepción es la capacidad de comprender o entender. En ocasiones, después de una parábola, Jesús decía: "El que tenga oídos para oír, oiga" (Mateo 13:9, 43). Gill [17] señala que cuando las enseñanzas de Jesús eran difíciles de entender, él dijo estas palabras para animar a la gente a reflexionar sobre sus enseñanzas. Coffman [18] añade que esta fue la forma en que Jesús invitó a sus oyentes a analizar lo que estaba enseñando y a buscar para encontrar el significado oculto. Jesús sigue invitando a los oyentes posteriores a investigar lo que significaban sus enseñanzas. Después de escuchar una de las parábolas de Jesús -la información- solo algunos tuvieron la percepción necesaria para comprenderla, mientras que otros la ignoraron. La percepción (comprensión) espiritual produce arrepentimiento, lo que la hace capaz de transformar a una persona en una nueva creación.

La información recibida está presente, sin vida e inerte, pero no puede penetrar en la mente, mientras que la comprensión sí lo hace y puede cambiar vidas permanentemente. Pablo se hace eco de este concepto cuando oró no por más información, sino para que "los ojos de vuestro corazón sean iluminados" (Efesios 1:18). Para Calvino [19], "el corazón" en las Escrituras es "la sede de las afecciones, significa la voluntad o el deseo". Barnes [20] explica que el entendimiento humano se ha deteriorado por el pecado. Pablo no solo quería que los corazones de todos los miembros de la iglesia en Éfeso estuvieran bien, sino que también quería que su entendimiento estuviera bien. Tener buenos afectos y deseos no es suficiente; Pablo quería que su entendimiento, su forma de pensar, creciera y alcanzara un nuevo nivel desconocido hasta ese momento. La comprensión inspirada, no la información, cambia vidas.

La percepción es obra del Espíritu Santo porque solo el Espíritu Santo puede ayudar a comprender la revelación espiritual. Pablo enseña: "la persona sin el Espíritu no acepta las cosas que vienen del Espíritu de Dios, sino que las considera necedad, y no puede entenderlas porque solo se disciernen a través del Espíritu" (1 Corintios 2:14). Fleming [21] observa que "aunque el evangelio no depende de la sabiduría humana, eso no es razón para menospreciarlo como si fuera algo inferior". La sabiduría del Reino de los Cielos es inevitablemente superior porque proviene de Dios, y esta diferencia hace que la sabiduría humana sea "insignificante". Henry [22] explica además que "la persona sin el Espíritu" está "bajo el poder de la corrupción y nunca ha sido iluminada por el Espíritu de Dios". Basándose en esto, Gann [23] sostiene que la humanidad es incapaz de entender las Escrituras -en este caso, las parábolas de Jesús- sin la ayuda directa del Espíritu de Dios.

¿Qué tiene de especial la Parábola del Sembrador?

La parábola del Sembrador es la clave para entender todas las parábolas de Jesús. Es tan importante que Marcos 4:13 incluye a Jesús diciendo que si no entendían esa parábola, ellos -¡sus discípulos, nada menos!- nunca entenderían ninguna otra parábola. ¿Por qué? Everett [24] comenta que la parábola del Sembrador sirve como la parábola fundamental mediante la cual podemos interpretar todas las demás parábolas. Para él, esta parábola proporciona la clave interpretativa para descifrar los significados de parábolas posteriores. La clave está en entender qué significan el Sembrador, la semilla y la tierra, porque reaparecen en otras parábolas. Hole [25] afirma que, si no comprendemos estos elementos en esta parábola, las otras parábolas de Jesús nos resultan incomprensibles. Si no entendemos esta parábola, no conectaremos con lo que Jesús desea comunicarnos.

La Parábola del Sembrador (Mateo 13; Marcos 4; Lucas 8) no se centra en Dios, la moralidad, las reglas, los rituales o los sistemas religiosos. La parábola es reveladora, no porque sea complicada, sino porque deja claro que las reacciones de las personas a la Palabra de Dios están determinadas por la condición de sus corazones. El problema en la parábola es el corazón humano. Esta parábola es la forma en que Jesús explica cómo diferentes personas responden a la Palabra de Dios, representada por la semilla. Smith [26] explica que según Lucas 8:11, la semilla representa la Palabra de Dios, el Evangelio, y que el Sembrador es Jesús mismo. En la parábola, el problema nunca fue la semilla; el problema nunca fue el Sembrador; el problema nunca fue la técnica; ni tampoco fue el momento de sembrar. Tampoco se podía culpar a circunstancias externas. El problema nunca fueron las condiciones climáticas; el problema nunca fue una mano de obra no diestra; y el problema nunca fue dónde se arrojó la semilla, ni hubo nunca falta de semilla para sembrar. El problema siempre fue el suelo. Según la parábola, el problema es interno; está en el suelo, no en la semilla.

Los milagros no pueden cambiar un corazón endurecido; pregúntale al faraón: incluso después de ver nueve plagas sobre Egipto, no dejó ir a Israel hasta que perdió a su primogénito a manos del ángel exterminador (Éxodo 12:23, 29-30). La doctrina no puede penetrar un corazón distraído; pregúntale a Caín: Dios le advirtió personalmente a Caín que la maldad de su ira estaba a punto de controlarlo y lo instó a hacer lo correcto, pero aun así asesinó a Abel (Génesis 4:7). Tampoco un sistema religioso puede proteger un corazón superficial; pregúntale al rey Saúl: respondió bien cuando fue ungido rey sobre Israel (1 Samuel 10), pero no pudo permanecer obediente bajo presión (1 Samuel 13). Es más fácil seguir una orden o un curso de acción recomendado que cambiar nuestros corazones. Es más fácil adherirse a las tradiciones o doctrinas compartidas que enfrentarse a la resistencia que surge cuando intentamos cambiar. Es más fácil culpar a nuestro entorno, a nuestro lugar en la sociedad o a cualquier otra razón que afrontar nuestros propios defectos de carácter.

La parábola presenta solo dos resultados posibles para la semilla; la semilla produce frutos o no produce frutos. La semilla puede no dar fruto porque nos resistimos al cambio, porque aparentamos entusiasmo pero carecemos de la perseverancia para comprometernos, o porque dejamos que nuestras mejores intenciones se vean ahogadas por la preocupación, la riqueza u otras preocupaciones, y no logramos dar fruto. Esto explica por qué hay personas que oran, creen e incluso participan activamente en organizaciones religiosas, pero son espiritualmente infructuosas. El otro resultado es ser fructífero. Esto significa vivir una vida espiritual abundante, no por nuestro propio esfuerzo, sino porque la recibimos del Sembrador. Comprender este contraste requiere reconocer qué hace que la semilla dé fruto.

Para entender cómo funciona el Evangelio, debemos comprender una verdad fundamental. Antes del Evangelio -la semilla de la parábola- no había vida espiritual, pero una vez que llega el Evangelio, la vida espiritual se activa por la presteza y no por la mera disponibilidad. RAE [27] define la "presteza" como "Prontitud, diligencia y brevedad en hacer o decir algo". DELE [28] define "disponible" como "Que se puede usar libremente para algún propósito o que se puede acceder a ello a voluntad". A la luz de estas definiciones, queda claro que el Evangelio echa raíces en aquellos que responden con prontitud cuando se les presenta, y no en aquellos que meramente lo encuentran o tienen acceso a él.

Disponibilidad frente a presteza: ¿cuál es la diferencia?

La disponibilidad significa estar presente en un momento dado, pero no implica ninguna acción posterior. Cualquiera puede estar físicamente presente, dispuesto a escuchar algo, a participar en un debate o incluso a mostrar interés por algo, sin ir más allá. La mera disponibilidad no garantiza el crecimiento o comprensión espiritual. El rey Agripa ofrece un claro ejemplo. Tras entrevistar a Pablo, dijo: "¿En tan poco tiempo vas a convencerme de que me haga cristiano?" (Hechos 26:27-29). El rey Agripa estuvo a punto de aceptar el Evangelio, pero no logró que se hiciera realidad al no actuar en consecuencia con su convicción. Ni él ni su familia entraron en el Reino de Dios en ese momento. La presteza es diferente. Cuando una persona está presta, está preparada en ese momento para recibir más, responder y ser transformada por el Evangelio. En contraste con el rey Agripa, leemos que el carcelero anónimo de Filipos, tras recibir el testimonio de Pablo y Silas, dijo: "Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?" (Hechos 16:30). Él estaba presto -estaba listo-; en consecuencia, él y su familia aprovecharon la oportunidad y entraron en el Reino de Dios (Hechos 16:30-34). La disponibilidad implica "estoy aquí", mientras que la presteza implica "estoy dispuesto a aprender". La misma semilla, cuando se cultiva con actitudes diferentes, produce frutos distintos y consecuencias diferentes. Se puede estar disponible sin ser receptivo (el rey Agripa), pero no se puede estar listo para participar del Evangelio sin haber sido transformado (el carcelero anónimo). La salvación no depende de la cantidad de información que recibas, sino del valor que le des a la información que recibas.

Últimas Palabras

Durante su segunda gira de enseñanza por Galilea, Jesús comenzó a enseñar mediante parábolas, en contraste de hacerlo de forma directa. En parte, lo hizo para proporcionar prueba pública de su mesianismo, porque las Escrituras profetizaban que el Mesías enseñaría utilizando parábolas. Igualmente importante fue que esta técnica permitía que sus enseñanzas estuvieran al alcance de quienes buscaban la verdad espiritual, al tiempo que ocultaba deliberadamente su mensaje a quienes no estaban verdaderamente interesados en buscar el Reino de los Cielos.

La parábola del Sembrador es fundamental, ya que proporciona la base interpretativa para las parábolas futuras. La parábola establece que la información por sí sola no puede cambiar la vida de una persona, pero sí lo hace su percepción. La percepción es obra del Espíritu Santo, porque solo el Espíritu Santo puede ayudar a comprender la revelación espiritual. La parábola también enseña que el Evangelio echa raíces en respuesta a la presteza, más que a la mera disponibilidad. La presteza abre el camino a la salvación y refleja el valor asignado a la percepción espiritual.

El uso que Jesús hace de las parábolas es atemporal y sigue siendo válido para cualquiera que escuche sus parábolas. La percepción y la presteza siguen siendo fundamentales para quienes reciben el Evangelio y desean comprender la revelación espiritual.

Referencias

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  3. Barclay, William. "Commentary on Matthew 13:11". "William Barclay's Daily Study Bible". https://www.studylight.org/commentaries/dsb/matthew-13.html. 1956-1959
  4. Fleming, Donald C. "Commentary on Mark 4". "Fleming's Bridgeway Bible Commentary". https://studylight.org/commentaries/eng/bbc/mark-4.html. 2005.
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  7. Gerrish, Jim, "Commentary on Matthew 13:35". "Light of Israel". https://www.studylight.org/commentaries/loi/matthew-13.html. 2001-2024
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  28. Ahora, D. (n.d.). disponible | Diccionario DELE Ahora. DELE Ahora. https://deleahora.com/diccionario/disponible